Blancanieves y los 9 Eneatipos (sin príncipe azul ni manzana envenenada)

La historia de la literatura está llena de grandes autores y relatos.

Bueno, también está llena de grandes desastres literarios.

También te digo que yo de desastres literarios no he leído ninguno porque los libros, como cualquier otra cosa, para gustos, colores.

Uno de estos grandes relatos de la historia es Blancanieves y los 7 enanitos, de los hermanos Grimm.

Antes de seguir te diré una cosa.

La historia de Blancanieves te puede gustar o no, pero una cosa es cierta, si un cuento como este ha perdurado en el tiempo es porque muy malo no será.

¡Ah! ¿Que no conoces el cuento?

Déjame que te lo cuente.

Eso sí, a mi manera.

“Blancanieves era la hijastra de una bella reina que sentía envidia por ella.

Esta reina, le preguntaba a su espejo quien era la mas bella del reino:

“¿Espejito, espejito mágico quien es la más bella del reino?”

Un día, el dichoso espejito no tuvo otra cosa que decirle que la mas bella del reino era Blancanieves.

La reina, como no se andaba con tonterías, ordena a un soldado que la mate.

El soldado como, por suerte, no tenía tan mala leche como la reina, se apiada de ella y la deja libre en el bosque.

Blancanieves, después de correr mucho, encuentra una pequeña casita habitada por 9 eneatipos..

Ella se queda a vivir con ellos, a cambio de ayudarles limpiando y cocinando.

Con el tiempo Blancanieves se da cuenta que esos 9 eneatipos tienen cada uno una personalidad diferente. 

Después de observarlos mucho, les puso un nombre según veía como se comportaban.

Había un eneatipo que era muy perfeccionista. Era de acción, cuando había que hacer algo era el primero en ponerse en marcha. Era muy racional y idealista. Le gustaba hablar con él porque era muy cerebral y lógico.

Este fue su eneatipo nº 1y le llamó El Reformador.

A Blancanieves le hacía mucha gracia el estar hablando con El Reformador sobre la vida. Un día, mientras charlaban, observó a otro eneatipo. 

Era el eneatipo nº 2, El Ayudador.

Éste siempre estaba echando una mano a los demás eneatipos sin pedir nada a cambio. Era generoso, complaciente, servicial, sabía escuchar…

Se sacrificaba por los demás tanto que al final le tocaba hacer casi todas las tareas de recolección en el bosque.

Aquella noche, mientras Blancanieves charlaba con El reformador, El ayudador no paraba de recoger la casa y la mesa. 

Era tan complaciente que no le importaba hacer esas tareas.

A la mañana siguiente, y como cada día, al despertar, Blancanieves siempre se encontraba a uno de ellos eligiendo en su armario que se iba a poner de ropa.

Era muy estiloso y se preocupaba por su imagen. Le gustaba impresionar.

Observó que, además de eso, motivaba mucho a los demás. Era muy familiar y sabía adaptarse a las circunstancias que vinieran.

Después de unos días, Blancanieves decidió llamar al eneatipo nº 3El Triunfador.

Con mucho miedo porque no viniera la reina del castillo o algún soldado a raptarla, Blancanieves salía a pasear por el bosque cerca de la casita.

No se quería alejar mucho de allí.

En uno de esos paseos, encontró a uno de los eneatipos sentado debajo de un árbol.

Conocía a es eneatipo. 

Desde el primer día ya le puso nombre. 

Para ella, éste era el eneatipo nº 4El Individualista.

Se consideraba diferente. Especial.

Blancanieves le pidió si podía sentarse con él. 

Estuvieron charlando un buen rato. 

Hacía un día soleado que daba gusto respirar el aire del bosque. 

Éste era muy romántico y a la vez individualista. 

Por eso la muchacha le puso este nombre.

Se creía que era especial y con unos dones y defectos únicos.

Blancanieves se sentía a gusto con él hablando, aunque a veces le daba la sensación de que sentía como si su vida fuera un drama, con todo el potencial que ella le veía.

Volvieron a casa caminando despacio. Era un día para disfrutar.

Era la hora de comer.

Al llegar a la casita, y como era imposible no encontrarse a ningún eneatipo por ahí rondando, se toparon cono uno de ellos.

Estaba justo a unos pasos de donde habitaban.

Blancanieves lo reconoció a gran distancia. Sabía que era eleneatipo nº 5El Investigador.

Mientras el El individualista entraba en la casa para empezar a preparar la comida con los demás eneatipos, Blancanieves se quedó con El Investigador para averiguar que estaba haciendo.

Éste necesitaba entender el mundo. Con un palo estaba haciendo dibujos en el suelo. Algo le rondaba por la cabeza pero, conociéndolo, cualquier cosa podría ser.

Cuando alguien le decía algo, si eso no estaba comprobado por algo o alguien no hacía caso. Necesitaba que estuviera contrastado. Además de ser muy observador, le gustaba coleccionar.

Tenía una colección de esculturas de madera que había hecho en sus ratos libres.

Al grito de uno de los eneatipos, entraron a comer.

Blancanieves se sentaba casi siempre en el mismo sitio y a su lado, el eneatipo nº 6El Leal.

Era un eneatipo que buscaba seguridad y Blancanieves se la daba.

Tenía tendencia a la ansiedad y estaba muy comprometido con los amigos y, además, con sus creencias.

Como creyese algo…, de ahí no le sacabas. Siempre que lo observabas, estaba en otro mundo.

Vivía mucho en el futuro.

Blancanieves pensaba que, al ser tan fóbico, el presente le daba miedo y pensar en el futuro le daba más seguridad.

No sé.

En todas las comidas, la alegría de la huerta era el eneatipo nº 7El Entusiasta.

Era muy divertido, optimista, mentalmente rápido para contar las cosas, espontáneo…

Le gustaba probar todo o que había en la mesa para comer.

Bueno, en general le gustaba probar de todo.

Era muy multitarea. No había acabado de hacer una cosa y ya estaba con la otra.

Algunas veces, Balncanieves lo notaba algo disperso, pero ya lo conocía y sabía que formaba parte de él esa actitud.

Cuando acabaron de comer, el eneatipo nº 8 salió a coger cerezas al árbol que tenían al lado de la casita. 

Blancanieves a éste le llamó, El Desafiador.

Era seguro, le gustaba los retos, tenía fuerza de voluntad, autónomo, imponente, apasionado…

Y a la vez, muy vulnerable.

Era esa fuerza y debilidad a la vez. 

Blancanieves siempre pensaba que esa energía que desprendÍa, se podría haber repartido un poquito entre los demás.

Estaba claro que cada uno tenía su personalidad. Su esencia.

No todos podían ser iguales.

Y a lo mejor ella tampoco quería que lo fueran.

Le gustaba cada uno de ellos con sus defectos y sus virtudes.

Habían hecho de esa casa un hogar equilibrado. 

Todos juntos cumplían las características necesarias para tener todo tipo de personalidades distintas y ser tan complementarios los unos con los otros.

Pero como no todos era iguales y cada uno tenía una personalidad diferente, podía ocurrir o, mejor dicho, ocurría que a veces había discrepancias entre unos y otros.

Y para ello, Blancanieves ya tenía a su eneatipo.

Éste era el eneatipo nº9El Pacificador. Después de todo el revuelo que se podía causar en esa casa, tenía que existir alguien que pusiera paz.

Y El Pacificador lo conseguía, o por lo menos lo intentaba.

Éste era conciliador, le gustaba la paz interior y exterior. No soportaba los conflictos por eso siempre intentaba evitarlos.

Se adaptaba a los demás centrándose en lo positivo.

Le gustaba estar en un segundo plano y no llamar la atención.

Blancanieves encontró en esa casa el equilibrio de las personas. Sabía que no podía haber ido a parar a mejor lugar.

Con sus defectos y sus virtudes, esos 9 eneatipos llegaron a ser su familia. Cada uno de ellos le aportaba cosas diferentes.

Y de todos ellos aprendía, cada día, un poquito más para ser mejor persona.

El llegar allí fue un regalo de la vida.

Nueve personalidades distintas. Nueve eneatipos.

Y todos viviendo en La Casita del Eneagrama.

Y entre todos, vivieron felices y comieron perdices.

FIN.”

Sobre la historia de la manzana envenenada, el príncipe azul y la reina puñetera, te dejo que leas el cuento original para saber como acaba.

Los hermanos Grimm lo contaron mejor que yo.

Yo solo quería que conocieras la historia de los 9 eneatipos y sus personalidades.

El Eneagrama es un estudio de las 9 personalidades que tiene el ser humano.

El estudio de ellos o, por lo menos, el saber como somos nosotros, nos ayudará a entender como soy yo, como es mi pareja y como puede ser mi entorno en general.

Entenderlo, aceptarlo y respetarlo, conseguirá una mayor flexibilidad ante esas personalidades que nos pueden “chirriar” un poquito.

Javier Savas