Dime como te hablas y te diré dos piedras

“Los renglones torcidos de Dios” de Torcuato Luna de Tena, es un libro que me leí en el instituto.

Lectura obligada, nos decían los profesores.

Que jodios…

O nos obligaban a leer porque sino ahí no leía ni el tato.

En cada curso había dos lecturas obligatorias.

Siempre había uno de la clase que se los leía y luego le preguntábamos de que iba porque había que hacer un trabajo.

Pero mira que a mi, ese año, me dio por leerme ese libro.

Y no sé si será que me obligué a leerlo porque trataba sobre la locura y enfermedades que tenían unos personajes encerrados en un centro psiquiátrico.

Me gustó mucho el libro. 

Me pareció raro.

Yo no me atrevo a recomendártelo porque, ya sabes, para gustos colores.

Bueno, a lo que iba.

Ahí, o igual fue antes, yo que sé, fui consciente de como nos hablamos a uno mismo.

No respetar a los demás no tiene perdón de Dios.

Ya que hablamos del mismísimo Señor en un post, pues démosle más protagonismo.

Lo que decía, que si no respetar a los demás no tiene perdón de Dios, hablarse mal a uno mismo tampoco.

Nuestros pensamientos son nuestras creencias.

Me voy a explicar.

Muchos de los personajes del libro que arriba os comento hablaban solos.

Por cierto, no hace falta ser personaje de ningún libro ni estar loco para hablarse a si mismo.

Pues lo que decía, que hablarse mal a uno mismo nos causará malestar.

A ver, que yo también digo palabrotas y cuando me doy cuenta, tela.

Pero el hecho es que es en momentos de descontrol cuando lo hago, porque sé el poder que pueden llegar a tener las palabras.

Te pondré un ejemplo:

  • Si te dices “yo no valgo para esto” o “que tonto soy” al final, de tanto repetírtelo es muy probable que te lo acabes creyendo.

No todo valemos para todo, eso que quede claro.

Si no has hecho algo nunca y lo haces por primera vez, no esperes que te salga bien.

¿Qué te sale de maravilla? Pues, ¡ole tu y disfrútalo! 

Pero cuidado con lo que te dices a ti mismo y con lo que le dices a los demás.

Y sobretodo, a personas muy sensibles y muy vulnerables.

Como te he dicho, las palabras tienen un gran poder. 

Cuídalas.

Javier Savas