Te pueden gustar o no.
Pero NUNCA juzgues a nada y a nadie.
Si, hoy empiezo rotundo el post.
Por si no lo sabes, Omaíta y Antonia son dos personajes de Los Morancos y, por una tarde, se convirtieron en el amor de mi vida.
Son dos abuelas, lo sé, pero es que me conquistaron.
Los Morancos son una pareja de hermanos humoristas.
A mi no me gustaban.
Es decir, que cuando los veía por la televisión los quitaba “ipso facto”.
Una tarde, un amigo y su novia me invitaron a ir a verlos al teatro.
Como soy de los que dicen “no se pierde nada” pues ahí que fui.
Y oye, me encantaron.
Me reí que no podía ni parar.
¿Sabes lo que más me gustó de ellos? Su naturalidad.
Verlos en el escenario intentar no troncharse de risa el uno del otro fue sublime.
Yo no los juzgué nunca.
O igual sí.
Lo que si que es verdad, y me alegro de reconocerlo, es que me equivoqué.
Habrá mucha gente que no le guste este tipo de humor.
Y yo lo respeto, por supuesto.
Pero hazme el favor, nunca digas de esta agua no beberé.
Yo bebí de su humor y quedé sediento de más.
Como digo, su humor puede gustar o no, pero una cosa es cierta, hacer reír para que la gente sea un poquito más feliz no tiene precio.
No creo que Los Morancos lean este post.
Tampoco digo nada especial.
Pero si que quiero acabar con una frase: ¡Ole por ellos y ole por el humor!
El humor, como terapia, es de las mejores medicinas que puede haber en el mundo.
Por cierto, ¿Qué se habrá hecho del Josua?
Javier Savas